preloader

ANTONIO ALCARAZ
Valencia, 14 de marzo de 2012

Durante una charla que impartía sobre mi trayectoria empresarial en unas jornadas de una asociación de empresa familiar del sector del transporte nacional e internacional, viví una anécdota que nunca he olvidado.

Llevaba más de una hora compartiendo experiencias, proyectos y logros, tanto nacionales como internacionales, cuando, de repente, un señor se levantó y me interrumpió:

—Señor Alcaraz, lleva usted más de una hora hablándonos de sus éxitos empresariales, dentro y fuera de España, pero todavía no le he oído mencionar ni un solo fracaso. ¿Acaso nunca ha fracasado?

Le miré y le respondí:

—Mire usted, la palabra FRACASO no existe en mi vocabulario empresarial. Para mí, siempre existe el ÉXITO, aunque no siempre se presente de la misma manera.

Y le expliqué:

En los negocios distingo dos tipos de éxito:

1. ÉXITO ECONÓMICO. Cuando una operación empresarial alcanza los objetivos previstos y genera los beneficios esperados. Ese es, naturalmente, el éxito que todos perseguimos.

2. ÉXITO DE APRENDIZAJE. Cuando una operación no alcanza los resultados económicos previstos, no la considero un fracaso. La incorporo al activo más valioso que puede tener un empresario: su conocimiento y su experiencia.

Es como haber cursado un máster de Alta Dirección Empresarial, de esos que no se estudian en las aulas, sino que se pagan con dinero, decisiones y, en ocasiones, con errores muy costosos.

Pero con una enorme ventaja: he aprendido muchísimo, especialmente aquello que no debo volver a hacer.

Entonces añadí algo que considero fundamental:

—Ahora bien, recuerde una cosa: en el mundo empresarial es imprescindible SABER, en cada momento, dónde estamos, qué estamos haciendo, cuánto estamos arriesgando y hacia dónde nos dirigimos.

Porque aprender es extraordinario, pero no debemos confundir el aprendizaje con la rentabilidad.

Si en todos sus negocios obtiene grandes lecciones, pero nunca consigue beneficios económicos, permítame decirle que su camino empresarial no lleva una buena dirección.

El aprendizaje debe servir para mejorar las decisiones, evitar repetir errores y, sobre todo, conseguir que los próximos negocios sean rentables.

Porque el empresario no está para coleccionar errores ni para acumular másteres pagados con su propio dinero. Está para aprender, tomar decisiones y crear valor.

Cuando terminé mi respuesta, los asistentes comenzaron a aplaudir. Fue entonces cuando comprendí que aquella anécdota merecía quedar por escrito, porque detrás de una sencilla pregunta y una respuesta espontánea se encontraba una reflexión que resumía buena parte de mi filosofía empresarial y de las lecciones que la vida me había enseñado a lo largo de mi trayectoria.

Hoy, después de tantos años, he decidido compartirla, con la esperanza de que mi experiencia pueda servir de inspiración y reflexión a quienes han elegido el apasionante, exigente y no siempre fácil camino de emprender.

Aquella experiencia reafirmó una convicción que me ha acompañado durante toda mi vida empresarial:

«En el mundo empresarial, unas veces se gana dinero y otras se gana conocimiento. Pero si siempre se gana conocimiento y nunca dinero, ha llegado el momento de cambiar de estrategia».

Antonio Alcaraz Lorente
Empresario

Visitas: 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *