La madrugada se rompe en un susurro de fe. Cuando el reloj apenas marca las 6:00 horas, las puertas de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen se abren como un latido contenido, y de su interior emerge, envuelta en recogimiento y solemnidad, la imagen de la Santa Mujer Verónica. No es solo una salida… es el inicio de un viaje espiritual que atraviesa el alma de todo un pueblo.

Las calles Marqués de Valterra, Flota Pesquera, Colón y la plaza de la Generalitat se convierten en senderos sagrados donde el silencio pesa más que cualquier palabra. Cada paso, cada mirada, cada cirio encendido habla de una historia que no se cuenta… se siente.

La Hermandad de la Santa Mujer Verónica guía este momento con devoción intacta, recordando el gesto más puro de humanidad: el instante en el que Verónica, movida por la compasión, limpia el rostro de Cristo en su camino hacia la cruz, quedando impreso para siempre el reflejo del dolor y del amor infinito.

Ese gesto, sencillo y eterno, es hoy el corazón de esta procesión.


A las 7:30 horas, desde la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, comienza uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa: la Procesión del Calvario.

Y entonces sucede.

En la plaza de la Generalitat, el tiempo se detiene.

Las miradas se elevan, el murmullo desaparece… y se produce el Encuentro.

Jesús Nazareno, cargando con la cruz, avanza entre el peso del mundo. Frente a Él, la Verónica. No hay palabras. Solo un gesto. Solo verdad. Un instante que representa uno de los episodios más intensos del Vía Crucis, donde el dolor encuentra consuelo y la humanidad se inclina ante el sacrificio. (Ayuntamiento de la Vila Joiosa)

Es el momento que rompe el corazón… y lo reconstruye.


La procesión continúa su camino hacia la Ermita de la Virgen de la Salud, donde se eleva el rezo del Vía Crucis, recorriendo las estaciones que narran la Pasión de Cristo, desde la condena hasta su muerte en la cruz, una tradición profundamente arraigada en el Viernes Santo.

Allí, entre la piedra y el cielo, se pronuncia el Sermón de las Siete Palabras, eco de las últimas frases de Cristo, que resuenan como un legado eterno de amor, perdón y entrega.


Este acto no es solo una procesión.

Es memoria viva.
Es fe que camina.
Es emoción que se respira en cada rincón.

Centenares de fieles, vecinos y visitantes acompañan este recorrido que trasciende lo terrenal, convirtiendo cada calle en un altar y cada paso en una oración.

Porque en este amanecer de devoción, no solo se revive la Pasión…

👉 Se revive el alma de un pueblo que nunca deja de creer.

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Por Francisco

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